Reclamo

Noche tibia en un lugar solitario. Ya pasó el momento de la convivencia urbana, las formalidades, las relaciones y las palabras de buena crianza. Ya tuve suficiente de voces impostadas con tono arrogante de sujetos que cuentan su biografía como si fuera la historia de la humanidad. Sin embargo, digo que de todos modos aprendí algo más y que algo rescato de esa historia, como saber que aquel lugar mencionado lo he caminado una y otra vez sin saber que antes fue lugar de otros. Digo que conservaré esa dirección para cuando vuelva allí y me vuelva imaginado en esa casa imaginaria donde nunca estuve y donde sin embargo tantas veces caminé. Digo que esta ciudad me es extraña aunque haya estado decenas de veces acá. Esta ciudad me es ajena porque aunque disfrute sus calles y su aire provinciano que dormita a media tarde y cierra todo a las once, no tiene un puto lugar donde cenar decentemente. Exagero y no exagero. Digo que preferiría estar en otra mesa, con la copa de vino y el servicio discreto y atento, a distancia prudente de otros comensales y no escuchando las voces estridentes casi rozando mi codo en la mesa vecina. Digo que aunque la vecina no esté mal, está no será la vencida y este no será un mail. Digo que prefiero la música y el sonido de las teclas mientras escribo notas sinsentido y subrayo el libro paciente que espera más allá. Digo que hay más placer en esto que en todo el infinito alrededor. Dicho esto, me retiro.









Entradas populares