Rutina

Diariamente, camino por las mismas calles, atento a los cambios de la gente, las casas, los gatos y las hojas de los árboles. En la misma esquina, el semáforo me detiene y opto por esperar, mientras otros más apurados esquivan autos o corren aprovechando las pausas y distracciones de los otros. Diariamente, una mujer o una pareja detienen un taxi que no duda y provoca bocinazos, muecas e insultos en silencio de los demás conductores. Cruzo y los estudiantes con prisa me adelantan; diariamente, los vagabundos ordenan sus cosas (sí, los vagos son ordenados) al mismo tiempo que perros somnolientos les saludan moviendo sus colas y saltando cerca de ellos. A veces ya están en una banca cuando paso, compartiendo un diario gratuito que una buena mujer les regala y comenta sentada con ellos. A veces comparten un café que sospecho la misma santa mujer les lleva. Todo acontece cerca de una iglesia que pacientemente nos encomienda al cielo en compañía de tres o cuatro feligreses. Quizá esa buena mujer ya estuvo con Dios. Con un gesto los saludo y sigo mis pasos, tiro al tacho un boleto que antes me dieron en el peaje y otra vez el semáforo me detiene junto a los estudiantes. Cruzamos y ellos apuran el tranco a su facultad; yo, en cambio, hago la pausa, jalo la puerta de vidrio de la biblioteca-café y saludo a la señora que actúa como guardia en este lugar. A diario nos saludamos y noto que cuida una plantita de 2 hojas y un par de ramas en una oscura maceta de mínimo tamaño, protegida en un rincón. La planta crece feliz, creo yo. Buen día, buenos días. Cambió la planta de lugar. Sí, es que a veces la chocaban así que la puse ahí para cuidarla, dice ella. Además está más cerca de la luz. Se ve saludable, digo yo. Que esté bien. Puede que haya nacido una amistad urbana. 

Más adentro, saludo, sonrío y me sonríen y preguntan lo de siempre y respondo lo de siempre. Hay días en que pruebo algo nuevo y los sorprendo en parte, no mucho porque ya saben qué voy a beber. La sonrisa amable sigue, la de ellos y la mía. Ya sabemos qué hacer y agradecer. Busco mis lugares y opto por el preferido. Libros y luces tibias; bebo y observo. Bebo y pienso. Bebo y escribo en el lugar de siempre. Quizá algún día aparezcas.




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