Re-edición de cuentas
En este ejercicio cotidiano de no salir del mundo, tropiezo. Circularmente, vuelvo a los asuntos de siempre y sueño apenas como siempre. Aunque los días no sean los más felices, procuro ver el lado limpio de las cosas y dejar de enfocar la mancha. Envejezco. Me agoto. Me habitúo al desvelo; me envuelvo en momentos; los vivo en solitario; revelo poco porque poco tengo para revelar. Quedo poco y de a poco me extingo. He dejado de vivir y me ocupo menos de soñar y más de respirar. No supongo ni pregunto; no renuncio a lo que no ha existido ni procuro que exista. Fluyo. Duro. Pervivo. Resiento los años y a menudo muero a gotas; me alimento a veces; a veces tambien revivo. Leo, subrayo, pienso y me duelo. Aprendo a no esperar. Repruebo y repito. Apelo y vuelvo a aprender. Me hice y en algo otros me hicieron como soy, mas no demando a nadie por ello. Soy obviamente lo que resta y lo que arrastro.